miércoles, 17 de septiembre de 2014

THE SUN, THE TREES.

« Mama, wipe the blood from my face: I'm sick and tired of the war. »

Cerré la puerta de casa sin prejuicios y ni miré mi reflejo en el espejo del ascensor. Recuerdo que era un día lluvioso y no llevaba paraguas. Me mojé antes de llegar a la parada del autobús, donde siete u ocho personas compartían por tres minutos, según la pantalla informativa situada en la calzada, el mismo futuro que yo. Algunos, en su afán de no importunar a sus prójimos, ya sostenían en las manos las monedas, o bien la tarjeta, necesaria para pagar por llegar a su destino. Siguiendo la tendencia humana que nos hace encariñarnos con las costumbres, encontré vacío el sitio de siempre y en él me senté. Olía a Deshumanización y Monotonía, la misma que se reflejaba en la cara de todos aquellos que me rodeaban. Escondí la nariz en mi bufanda y reconocí el rastro de Objetividad en ella. A partir de entonces y desde esa esquina empecé a mirar a mi alrededor, en busca de unos ojos que me dijesen sin palabras que no estaba todo perdido en la búsqueda de humanidad en el transporte público, pero nadie miraba algo que no fuesen sus zapatos, sus apuntes o por la ventana. A nadie le importaba nadie salvo sí mismo. Entonces se subió al autobús una madre con su hijo, sentándose la curiosa pareja enfrente de mí. El niño iba vestido con Inocencia, la misma que reflejaban sus ojos cuando me miró y, antes de sentarse con sus pies colgando, me dio los buenos días. Me sorprendí de que me hubiese sorprendido un gesto tan simple como aquel: dar los buenos días. Nadie que no fuesen profesores o compañeros de clase me daban los buenos días entre semana, ni siquiera aquellas personas que pasaban delante o detrás de mí en la pequeña fila para subir al autobús. ¿Por qué unas palabras tan fáciles de ejecutar no salen con facilidad de las personas? ¿Por qué nos envolvemos cada mañana con Indiferencia y Egoísmo, y lo acarreamos a lo largo de toda nuestra vida salvo cuando somos niños? ¿Se trata de un sentido del individualismo sumamente desarrollado o de una deshumanización aplastante que nos carcome a diario en cada portal, en cada esquina, en cada habitación? 

Los humanos nos hemos olvidado de dar las gracias, de pedir disculpas, de dar los buenos días, de dejar pasar ante nosotros a alguien con menos cosas que nosotros en la cola de supermercado, y hasta nos hemos olvidado de sonreír. Quizás porque hemos perdido la capacidad de recordar la educación que recibimos desde niños, o quizás porque este mundo nos está destruyendo como seres humanos hasta convertirnos en animales que sólo saben mirar la pantalla de sus móviles, las puntas de sus zapatos o a más personas deshumanizadas a través de la ventana de un autobús.


lunes, 15 de septiembre de 2014

BLUE IS SUCH A WARM COLOR.

« Hey, buddy, don't you be no square, if you can't find a partner use a wooden chair. »

Hablemos.
Hablemos de la hora que es. Hablemos del libro que estamos leyendo. Hablemos de la mierda que nos mete McDonald's en el estómago. Hablemos de la mierda que nos meten los médicos en el cerebro. Hablemos de la mierda que nos meten los profesores en la cabeza. Hablemos de la mierda que nos metemos nosotros mismos en los pulmones. Hablemos de la mierda que nos meten los medios de comunicación en la retina. Hablemos de los ataques de ira. Hablemos de los ataques de ansiedad. Hablemos de los ataques de euforia, de adrenalina, de comernos el mundo. Hablemos de los estados depresivos. Hablemos de la decadencia, la pereza, la procrastinación. Hablemos de arte, de literatura, de drogas y de ciudades. Hablemos de sueños, de pesadillas y de visiones. Hablemos de las generaciones perdidas, de estrellas de cine, de iconos de la música. Hablemos de dónde cojones está el cenicero. ¿Y el mechero? Ah, vale, sí. 
Hablemos.

sábado, 13 de septiembre de 2014

THE WHITE STRIPES.

« Give me one good reason why I should never make a change. »

El mundo sería un lugar infinitamente mejor si las conversaciones que los seres humanos mantenemos ebrios o a altas horas de la madrugada pudiesen tener lugar a la luz del día.

Parece ser que en ciertas situaciones nos liberamos de ese "pánico escénico" que nos corroe por dentro y decimos exactamente lo que pensamos justo cuando queremos decirlo. Hoy en día muchos adolescentes se avergüenzan de tener la capacidad de hablar de filosofía o de literatura debido al entorno que los rodea a diario; dicho entorno es un entorno hostil donde no parece haber cabida para cuestiones metafísicas o existenciales, donde sólo se puede hablar del tiempo, del último partido de fútbol televisado o de la última foto que ha subido a Instagram X persona. ¿Por qué? ¿Por qué no se puede hablar de filósofos y escritores en un bar a las cinco de la tarde mientras te tomas un café y te fumas un cigarro? ¿Por qué esperamos contextos especiales para desarrollar y dejar fluir nuestra vena más crítica, nuestra vena más intelectual? ¿Por qué nos da miedo admitir que conocemos o que queremos conocer? Y lo más inquietante de todo, ¿por qué nadie se plantea lo irrelevante que es, en el fondo, el contenido de la mayor parte de las conversaciones que tenemos? 

En cierto modo me entristece pensar que la mayoría de personas que dicen "saber todo" de alguien sólo se basan en sus vivencias. ¿Por qué se le da tan poca importancia al arte en nuestra vidas? ¿Por qué no hay tiempo en nuestras conversaciones para debatir sobre escritores, sobre pensadores o sobre cineastas? Creemos "saber todo" sobre una persona cuando en realidad puede que no sepamos cuál es su libro favorito, o qué grupo le toca especialmente la fibra sensible cuando lo escucha, o qué película la hace llorar desde pequeña cada vez que la ve. 

Y es que los humanos, por desgracia, hemos dejado de preocuparnos por cuidar nuestra mente y hemos pasado a preocuparnos sólo a lo que concierne a nuestro cuerpo: qué ropa nos compramos, con qué gente nos juntamos, los viajes que hacemos. ¿Pero y qué hay de todo aquello que nos hace crecer por dentro, y no por fuera? ¿Sigue habiendo realmente cabida para ello en algún otro lugar que no sea nosotros mismos?