WELCOME TO THE FREAK SHOW.

¿Sabéis qué? Las personas también mudan de piel.

No lo hacen como las víboras, y no les ocurre a todas, pero en determinados momentos de sus vidas la carcasa que recubre su exterior empieza a volverse tirante, asfixiante; deja de convertirse en un hogar para transformarse en un páramo tan  inhóspito como desconocido. La extensa llanura que es tu piel te devuelve un reflejo distorsionado convertido en un oasis de preguntas que nadie excepto tú es capaz de responder, y hasta tú misma desconoces su respuesta. Es un fenómeno sorprendente que en muchas ocasiones pasa desapercibido: lleva su tiempo deshacerse del anterior conjunto de escamas hasta ser capaz de crear otro por tus propios medios. Esta vez no habrá vientre materno que moldee y resguarde, toda aquella persona que mude de piel será a partir de entonces su propia senda.

No es difícil apreciar la metáfora y tampoco entenderla. Es bien sabido que, a veces, la mejor manera de explicar algo es haciendo una comparación, y lo cierto es que durante meses he intentado buscarla; explicar de alguna forma que nacemos, crecemos y maduramos tan encasillados que no siempre nos damos oportunidad de escucharnos con atención, y cuando lo hacemos, quizás en algunos casos, lo que encontramos dentro de nosotros mismos nada tiene que ver con lo que reflejamos (o hemos reflejado) por fuera. Y es complicado sentirse extraño en tu propia piel, es difícil sentir que dentro de ti se ha creado una bifurcación que no puede coserse, remediarse y mucho menos ignorarse e intentar vivir con ella como si realmente no estuviese ahí.

Las redes sociales y su nada fiel reflejo de nosotros mismos no contribuye en absoluto a perfilar nuestra personalidad cuando la desconocemos, y la presión que la sociedad ejerce sobre nuestros perfiles en la red tampoco. Cuando se nos brinda la oportunidad de filtrar la información que los demás adquieren de nosotros no siempre somos conscientes de hasta qué punto podemos estar tergiversando nuestra propia esencia, no nos paramos a pensar qué estamos haciendo. Quizás vosotros, las personitas que ahora estéis prestándome atención con vuestras pupilas bailando de una palabra a otra, no seáis ignorantes de vosotros mismos, pero yo sí lo fui de mí (de ahí todo el rollo de la metáfora de las víboras, que aunque pudiese parecer producto de una buena ingesta de tripis, como podéis ver ahora tiene todo el sentido del mundo, o eso creo) y quizás por eso decidí volver. Decidí que era hora de romper con todo aquello que hasta ahora me había definido, deshacerme de todas esas etiquetas que me puse y me pusieron no sólo sin permiso, si no también sin plena consciencia de lo que significaban o de si tenían realmente algo que ver conmigo. 

La imagen que tuve siempre presente en mi cabeza de lo que quería que fuese y significase Shout me I'm Cool terminó distando tanto de lo que era en realidad, de lo que era y soy yo, que me vi obligada a tomarme un respiro para poder reorganizar el caos que tengo encima de los hombros, llamado cabeza, para así no sentirme una intrusa en mi propia vida y en mis propios actos. Por suerte, la parte más difícil del proceso duró menos de lo que esperaba y por eso estoy aquí escribiendo esto para haceros perder el tiempo leyéndolo, únicamente para decir que tengo más ganas que nunca de romper todos mis moldes (y también los vuestros), convirtiendo este pequeño rincón en un fiel reflejo de lo que tanto llevo queriendo proyectar.

Así pues, bienvenidos a una nueva e importante etapa de Shout Me I'm Cool.

P.D: Quiero dejar claro que no he sufrido ninguna abducción alienígena y que, por tanto, por mucho que haya "exagerado" mi "metamorfosis" no he cambiado tanto, sólo he empezado a enfocarlo todo de otra manera (tampoco he recibido la visita de ningún mesías, podéis respirar tranquilos, no vengo a venderos ninguna nueva religión o doctrina). Lo que quiero decir y 
para lo que me he enrollado tanto es que, dentro de las líneas esenciales y generales, sigo siendo la misma chiquilla pelirroja que no se corta un pelo a la hora de escribir tacos en una pantalla y que adora criticar mordazmente todo aquello que la rodea (incluyéndose a sí misma, por supuesto, pues si hay algo que no cambiará nunca es mi inconformismo, ya crónico a estas alturas), sólo que ahora lo hago con las ideas mucho más claras, ordenadas y acordes con lo que realmente soy y quiero ser. Por tanto, sobra decir que a quien no le guste lo que vea a partir de ahora, la salida está en la X situada en la esquina superior derecha de vuestras pantallas. 

P.D II: Debido a que actualmente mi portátil se encuentra en quirófano por un problema en el disco duro (jamás confiéis en un Sony VAIO con Windows 8: os joderá la vida), las "verdaderas" actualizaciones llegarán, espero, a partir del Lunes.