martes, 15 de abril de 2014

YOU ARE NOT ALICE, AND THIS IS NOT WONDERLAND.

« Looking as you sleep and, gently on the side, start to fade away. » 

Cada vez cuestiono más seriamente la correspondencia de los eventos actuales con la finalidad para la que fueron creados. Parece ser que sin darnos cuenta nos hemos mudado a un país donde todo funciona de modo contrario a como debería. Las semanas de la moda fueron inicialmente creadas como culto a los diseñadores y a sus obras (llamadas en este caso diseños), pero hoy en día parecen ser únicamente puntos de encuentro de grandes celebridades y bloggers, un par de sonrisas fingidas para una foto en Instagram y nada más. ¿No fueron acaso los blogs de moda creados para hacer una crónica y crítica personal de los desfiles? Pues no. Ahora en vez de enseñarse en ellos los diseños que se vieron sobre la pasarela las autoras muestran su último modelito de falda corta sin medias y tacones de salón cuando en Nueva York, París, Milán y Estocolmo se está a menos de 5º. Como veis, ajustarse al tiempo meteorológico y ser blogger ya no son dos conceptos que vayan ligados.

Pero no es sólo en el terreno de las grandes semanas de la moda donde existe un increíble desajuste entre propósito del evento y realidad. Estos días hemos estado viviendo, sin ir más lejos, la celebración del festival "de música" Coachella, más conocido por las famosas que se pasean por sus recintos que por los pedazo grupazos que tocan en directo. Me parece terrible tener a los Pet Shop Boys, a Chromeo y a Lana del Rey sonando de fondo y que los asistentes sólo sepan capturar fotos tipo street-style, entrevistar a celebridades o dar envidia por las redes sociales. 

¿De verdad no somos ya capaces los humanos de disfrutar del arte en cualquiera de sus formas sin necesidad de estar informando de ello en nuestras redes sociales? ¿No podemos ir a festivales sin sacar fotos para poder centrarnos en la música? ¿No podemos ir a pasarelas sin anteponer nuestro modelito a los preciosos diseños de Elie Saab? ¿Tenemos que decir en Twitter hasta cuando cagamos y subir una foto a Instagram para demostrarlo? Soy la primera en admitir que adoro Instagram o Twitter como redes sociales, pero también admito que la vida no está dentro de la pantalla del móvil, si no fuera de ella. A ver cuándo cojones nos damos cuenta.

viernes, 11 de abril de 2014

FROM THE CRADLE BARS COMES A BECKONING VOICE.

« When your elders forget to say their prayers take them by the legs and throw them down the stairs. » 

No me gustan los cinturones, prefiero los cordones. Son más baratos, más fáciles de conseguir y si se pierden no hay problema porque tienes doscientos mil más en casa. Tampoco me gustan los vestidos de fiesta, esos que te pones sólo una vez y después los dejas pudriéndose en el armario. Mucho menos los tacones imposibles que martirizan tus pies durante poco más de una hora y media un Viernes o un Sábado por la noche. No me gustan las medias sin agujeros porque no entiendo qué tiene de malo llevar unas medias con carreras (a no ser que tengas que acudir a una cita o ceremonia especial), si todas sabemos que es un milagro conservar unas intactas durante más de dos semanas. En general, no me gusta ese consumismo innecesario en el que nos basamos para adquirir cosas que no necesitamos únicamente porque es lo que hace todo el mundo. ¿Quién ha dicho que no se puede estar guapa sin tacones? ¿Quién ha dicho que no se puede ser femenina sin vestidos? La femineidad no es algo que vaya con la ropa, es algo que se sienta por dentro. Si tú te sientes femenina, serás femenina. He visto a chicas con pantalones y camisetas anchas que son mucho más mujeres que alguna que sale con vestido subida a veinte centímetros. Y es que el estilo y la moda son como la femineidad: es algo que viene dado por lo que sientes, no por las prendas que llevas encima.

sábado, 5 de abril de 2014

EL BIGOTE DE CHAPLIN EN MIS MANOS, O CASI.


La vida empieza allí donde la seguridad es desconocida, donde las flores marchitas huelen mejor que las rosas en primavera, donde la gente se pierde en laberintos sin que importe si tienen salida. La vida empieza allí donde los gritos son más armónicos que las risas, donde sonreír es un gesto de tristeza, donde los precipicios no son sólo apreciados por los suicidas. La vida empieza donde dejas de sentirte cómodo, donde dudas de si dar el siguiente paso, donde sólo hay arenas movedizas que entran en tu garganta y te asfixian sin piedad. La vida empieza donde el miedo no te deja dormir, donde la inseguridad se acopla a tus hombros, donde tus pies no tocan el suelo. La vida empieza donde la gente se duerme al amanecer, cuando mueren las estrellas, y se despierta al anochecer, buscando la cara oculta y oscura de la luna. 

La vida, la vida es eso que empieza a vivirse y a apreciarse cuando todo lo demás deja de existir, cuando llega el invierno y todo lo bonito desaparece. La vida empieza cuando los árboles mueren, cuando los días se hacen más cortos, cuando no ves salida posible. Y todo lo demás, absolutamente todo lo demás, es mera y pueril existencia.